Las ocho de la mañana
Las ocho de la mañana: cada día, a las ocho en punto, llegaban las analíticas de Sharon y yo las comparaba buscando esperanza. Hoy reconozco mi negación.
Las ocho de la mañana: cada día, a las ocho en punto, llegaban las analíticas de Sharon y yo las comparaba buscando esperanza. Hoy reconozco mi negación.
Dos años después de la muerte de Sharon, regresar a Barranquilla me llevó a escribir cartas de gratitud a quienes la quisieron y siguen acompañándome. Un relato sobre la memoria compartida, las distintas formas del duelo y el cariño de quienes permanecen.