Cuando la Negación Me Impidió Ver la Cruda Realidad

El duelo anticipado es una de las experiencias más complejas y dolorosas que puede enfrentar un ser humano. Es ese espacio incómodo entre el diagnóstico devastador y la inevitable pérdida, donde te encuentras atrapado entre el amor desesperado por mantener a alguien con vida y la certeza paralizante de que no hay vuelta atrás. Durante este tiempo, la negación se convierte en un escudo protector, pero también en una barrera que impide ver la cruda realidad. Hoy quiero compartir cómo viví esa etapa mientras acompañaba a Sharon durante sus últimos meses, cuando los cuidados paliativos se convirtieron en nuestra rutina diaria y la negación fue mi mayor aliada… y mi peor enemiga.

El Inicio del Duelo Anticipado: El Día en que el Mundo Cambió

Recuerdo claramente el día en que los médicos nos reunieron… y recibimos el diagnóstico. Fue como si alguien hubiera apagado la luz de repente. Nos dijeron prácticamente que Sharon tenía una enfermedad terminal, que ya no había cura, solo medidas para aliviar su sufrimiento. En ese momento, sentí que el aire abandonaba mis pulmones. No podía respirar, no podía pensar. Todo lo que quería era gritarle al médico que estaba equivocado, que debía haber otra opción, algo que pudieran hacer para salvarla.

Pero no había nada. Solo palabras como «cuidados paliativos», «calidad de vida» y «tiempo limitado». Palabras que me golpearon como un muro de ladrillos, pero que mi mente rechazó instantáneamente. La negación se apoderó de mí. No podía aceptar que Sharon, mi compañera, mi mejor amiga, mi todo, estuviera caminando hacia el final. Así que decidí ignorarlo. Decidí creer que tal vez había un milagro, que tal vez podríamos ganarle al tiempo. Después de todo, ¿cómo podría enfrentarme a la alternativa?

Los Cuidados Paliativos: Aprender a Vivir en el Límite

Con el tiempo, los cuidados paliativos se convirtieron en nuestra nueva normalidad. Estos cuidados, diseñados para aliviar el dolor físico y emocional tanto del paciente como de la familia, fueron un bálsamo en muchos sentidos. Sin embargo, también eran un recordatorio constante de lo que estaba por venir. Cada visita al médico, cada ajuste en la medicación, cada conversación sobre su comodidad o bienestar me obligaba a enfrentar una verdad que seguía negando: Sharon no iba a mejorar.

A pesar de eso, seguí aferrándome a la esperanza. Me repetía que estábamos haciendo todo lo posible, que los médicos sabían lo que hacían, que ella aún podía sonreír, hablar y estar presente. Pero detrás de esa fachada de optimismo, había una tormenta interna. Sabía, en algún rincón profundo de mi corazón, que estábamos caminando hacia una despedida inevitable. Sin embargo, la negación me impedía prepararme para ello.

La Negación: Un Escudo que También Lastima

La negación fue mi salvavidas durante esos meses, en los que no me separé de ella ni un instante. Era lo que me permitía levantarme cada mañana, abrazar a Sharon y fingir que todo estaba bien. Era lo que me daba fuerzas para cuidarla, para asegurarme de que estuviera cómoda, para buscar soluciones cuando parecía que no había ninguna. Pero también era lo que me cegaba ante la realidad. No quería pensar en lo que vendría después. No quería imaginar un mundo sin ella.

Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que esa negación me impidió aprovechar al máximo el tiempo que nos quedaba juntos. Estaba tan enfocado en evitar la verdad que no logré procesar completamente lo que estaba ocurriendo. No le dije todas las cosas que quería decirle. No me permití llorar con ella, abrazarla con la profundidad que merecía, o simplemente estar presente en cada momento como si fuera el último. En lugar de eso, seguí aferrándome a la idea de que todavía teníamos más tiempo, incluso cuando era evidente que no era así.

El Despertar Doloroso: Cuando la Negación Se Rompió

Llegó un punto en el que ya no pude seguir negando la realidad. Sharon empezó a deteriorarse rápidamente, y su cuerpo dejó claro que estaba llegando al límite. Fue entonces cuando el peso de todo lo que había estado evitando cayó sobre mí como una avalancha. Me di cuenta de que no había hecho suficiente, de que había desperdiciado momentos preciosos tratando de escapar de lo inevitable. Me sentí culpable, frustrado, destrozado.

Pero también entendí algo importante: el duelo anticipado no es algo que puedas evitar ni controlar. Es una parte natural del proceso de despedida, una forma de protegernos mientras intentamos asimilar algo tan inmensamente doloroso. La negación no fue un error; fue una herramienta que mi mente usó para sobrevivir. Lo que realmente importa es lo que haces cuando esa negación se rompe, cuando finalmente te das cuenta de que no puedes cambiar lo que viene.

Lo Que Aprendí: Honrar el Tiempo Restante

Si pudiera regresar en el tiempo, haría algunas cosas de manera diferente. Me permitiría sentir más, llorar más, hablar más abiertamente con Sharon sobre lo que ambos estábamos enfrentando. No trataría de fingir que todo estaba bien cuando claramente no lo estaba. En lugar de eso, abrazaría el dolor, porque en ese dolor también estaba el amor. 

También aprendería a valorar cada segundo que pasé con ella, incluso en medio de su enfermedad. Los cuidados paliativos no solo eran para aliviar su sufrimiento físico; eran una oportunidad para crear recuerdos, para decirle cuánto la amaba, para asegurarle que siempre estaría conmigo, sin importar lo que pasara. Ahora, esos momentos son los que más atesoro, porque fueron los últimos que compartimos.

Un Mensaje para Quienes Están Atravesando Esto

Si estás leyendo esto porque estás enfrentando el duelo anticipado, quiero que sepas que no estás solo. Es normal sentirte confundido, asustado, incluso enojado. Es normal aferrarte a la negación como una forma de protegerte. Pero también quiero animarte a que, poco a poco, te permitas reconocer la realidad. No significa que tengas que dejar de tener esperanza o dejar de luchar por la persona que amas. Significa que puedes honrar el tiempo que les queda juntos de una manera más consciente, más profunda.

Habla con ellos. Diles lo que sientes. Créate recuerdos que puedas llevar contigo cuando ya no estén físicamente. Y, sobre todo, sé amable contigo mismo. El duelo anticipado es agotador, emocionalmente devastador, pero también es una oportunidad para amar de manera más plena, para despedirse con el corazón abierto.

El Legado de Sharon: Aceptar la Vida y la Muerte

Sharon me enseñó muchas cosas, pero quizás la más importante fue que la vida y la muerte están profundamente conectadas. No puedes tener una sin la otra, y negar una de ellas solo te aleja de la verdadera esencia de ambas. Aunque la negación me impidió verlo en su momento, ahora entiendo que el duelo anticipado es una forma de amor. Es el amor que nos lleva a luchar, a esperar, a aferrarnos. Pero también es el amor que nos permite despedirnos, aceptar y sanar.

Aunque Sharon ya no está aquí físicamente, su legado vive en mí. En cada lágrima que derramo, en cada recuerdo que atesoro, en cada palabra que escribo. Y aunque el camino del duelo sigue siendo difícil, sé que estoy aprendiendo a caminarlo con gratitud, porque tuve el privilegio de amarla y ser amado por ella.

Germán A. DeLaRosa 

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