Mi diario incompleto
Cuando desaparece la mirada que nos reconocía
Sharon y las versiones de mí que solo ella conoció
Germán A. DeLaRosa Mi diario incompleto
Una pregunta apareció en la serie española El mapa de los anhelos y encontró dentro de mí un lugar que ya estaba abierto:
¿Qué ocurre cuando desaparece aquello que definía completamente nuestra identidad?
Hay preguntas que no llegan para ser respondidas. Llegan para ponerle palabras a algo que llevamos demasiado tiempo sintiendo.
Esta fue una de ellas.
Durante más de medio siglo fui el esposo de Sharon. Cuando enfermó, fui también, cada día un poco más, su cuidador. Mientras ella estaba, incluso en medio del miedo, yo conservaba una misión: había algo que hacer al despertar, una presencia que organizaba mis movimientos y le daba sentido a mi cansancio.
Entonces llegó el 28 de septiembre.
Y Sharon murió.
Durante mucho tiempo pensé que aquel día había perdido a mi esposa. Era verdad, pero no era toda la verdad.
También había desaparecido el hombre que yo era a su lado.
Dejé de ser su cuidador de un momento a otro. Las tareas que me habían agotado comenzaron a hacerme falta. Aquello de lo que tantas veces había querido descansar se convirtió en una forma más de la ausencia. Ya no había nada que preparar para ella, ninguna decisión que tomar pensando en los dos, nada que pudiera hacer para modificar el desenlace.
Frente a mí quedó un tiempo vacío, sin instrucciones.
La palabra viudo intentó ocupar el lugar de todas las identidades anteriores, pero apenas describía una circunstancia. No contenía nuestras conversaciones, nuestros desacuerdos, las ciudades en las que vivimos ni las versiones de mí que solo ella había conocido.
Y aquí está lo que esa palabra no dice, lo que ninguna de las que me ofrecieron alcanzaba a nombrar:
Cuando muere la persona que compartió nuestra vida, no desaparece únicamente alguien a quien amábamos. También desaparece la mirada dentro de la cual nos reconocíamos.
Desaparece el testigo de nuestra historia.
Sharon conocía hombres que ya no existen de la misma manera para nadie más. Conoció al joven que fui, al migrante, al padre que aprendía mientras se equivocaba, al hombre lleno de proyectos, al que sintió miedo aunque no siempre supiera admitirlo. Había acompañado mis cambios sin obligarme a explicar de dónde venía cada cicatriz.
Otros conocieron algunas de aquellas versiones de mí. Pero nadie las vio sucederse como Sharon. Nadie recorrió conmigo la continuidad completa de mi historia.
Ella guardaba partes de mí que ahora solo viven en mi memoria.
Un hombre que pierde a su testigo no pierde solamente compañía. Pierde a la persona ante quien no necesitaba demostrar que ciertas versiones de sí mismo habían existido. Con ella todavía había alguien capaz de confirmar una conversación, completar una escena o recordar el detalle que el tiempo había comenzado a borrar.
Había recuerdos que no me pertenecían por completo.
Los sosteníamos entre los dos.
Ahora debo sostenerlos solo.
Puedo contarlos. Puedo escribirlos. Puedo intentar conservar los lugares, las palabras y algunos gestos. Pero la escritura no reemplaza una memoria compartida. El día que yo falte, muchas de aquellas escenas perderán al último de sus testigos. Podrán quedar escritas o ser contadas por otros, pero nadie volverá a recordarlas desde dentro.
Tal vez por eso la muerte de la persona amada produce una desorientación tan difícil de nombrar. No perdemos únicamente su presencia. Perdemos también una forma de mirarnos.
Durante años fui Germán junto a Sharon.
Después tuve que aprender a pronunciar mi nombre sin ese “junto a”.
No sé si lo he conseguido.
A veces se habla de reconstruir la identidad después de una pérdida, como si pudiéramos recoger algunas piezas, ordenarlas sobre una mesa y volver a ensamblarnos. Pero no me siento reconstruido.
El hombre que fui junto a Sharon ya no existe de la misma manera. El cuidador tampoco. El esposo permanece, aunque su esposa haya muerto. Y el hombre que quedó continúa intentando comprender cómo pueden convivir todas esas identidades dentro de un solo cuerpo.
No he dejado atrás a Sharon.
He tenido que aprender —todavía estoy aprendiendo— a llevarla de otra manera.
Escribo. Eso ya se sabe de mí. Pero quizá también escribo porque ahora me corresponde guardar aquello que antes recordábamos entre dos. No para impedir que desaparezca —la escritura no tiene ese poder—, sino para que algunas escenas no pierdan por completo su lugar en el mundo.
El escritor que soy ahora nació de una ausencia. No porque la muerte de Sharon haya sido necesaria ni porque el sufrimiento escondiera una misión. No necesito justificar su muerte para encontrar sentido en mi vida.
Ella no murió para que yo escribiera.
Yo escribí porque ella murió.
La diferencia es inmensa.
Escribir no llena el lugar que dejó. Tampoco reconstruye al hombre que fui a su lado. Apenas me permite acercarme a ciertas partes de nuestra historia y decir: esto ocurrió. Estuvimos aquí. Durante más de medio siglo existió un “nosotros” y hubo dos personas capaces de recordarlo.
Ahora queda una.
Quizá esta sea una de las respuestas posibles a la pregunta de la serie.
Cuando desapareció aquella mirada —y con ella buena parte de la identidad que habíamos construido—, no apareció inmediatamente una nueva versión de mí. Primero encontré el desconcierto: la sensación de habitar una vida que conservaba mis objetos, mi nombre y mi cuerpo, pero que ya no parecía pertenecerme por completo.
Después comencé a descubrir lo que permanecía. No estaba intacto ni necesariamente en paz, pero seguía siendo parte de mí.
Yo todavía no sé quién soy sin Sharon. Quizá nunca llegue a saberlo del todo, porque mi identidad se escribió junto a la suya durante toda una vida. Pero empiezo a comprender que no necesito reducirla al pasado para volver a encontrarme.
Tal vez la pregunta no sea únicamente quién soy ahora que ella no está.
¿Qué permanece en mí porque ella existió?
Esa pregunta no resuelve la ausencia. No devuelve la voz que me acompañaba ni recupera al testigo de los años compartidos. Pero tampoco me deja completamente frente al vacío.
